Cultura Amordazada y Violencia Selectiva
La prohibición de bailes sonideros en Pachuca
Carlos Nzupa
12/22/20253 min read


Cultura Amordazada y Violencia Selectiva
La prohibición de bailes sonideros en Pachuca
En el corazón de la Ciudad de México, los sonideros fueron declarados Patrimonio Cultural Inmaterial en 2023, un reconocimiento a décadas de resistencia, identidad barrial, cohesión social y la concordancia de un gobierno izquierdista con el respeto a la diversidad. Sin embargo, a unos kilómetros de distancia, en la capital hidalguense, la narrativa oficial es diametralmente opuesta. El gobierno municipal, encabezado por Jorge Alberto Reyes, parece haber emprendido una cruzada contra las expresiones de la cultura popular, disfrazando de “seguridad” lo que en el fondo se perfila como una política de exclusión y clasismo.
¿Seguridad o prejuicio?
El argumento principal para la prohibición o restricción extrema de los bailes sonideros en los barrios de Pachuca es la supuesta peligrosidad de estos eventos. No obstante, las estadísticas y la realidad inmediata desmienten esta prioridad. Mientras se persigue un baile en una cancha popular, la Zona Plateada —el sector más exclusivo de la ciudad— se ha convertido en un auténtico “foco rojo” de violencia impune.
Solo en el último año, establecimientos y bares de la zona han sido escenarios de:
Balaceras y detonaciones de arma de fuego a plena luz del día o en madrugadas violentas.
Riñas campales que involucran no solo a clientes, sino a personal de seguridad privada que agrede activamente a la policía municipal.
Atentados directos y presencia de armas de alto calibre en las inmediaciones.
A pesar de que estos lugares promueven una “cultura de la violencia” y el exceso, las sanciones suelen ser temporales o inexistentes. Los bares clausurados reabren bajo nuevos nombres o tras pagar multas que sus ingresos cubren sin dificultad. En contraste, el sonidero, que es el sustento de familias y el alivio recreativo de los barrios, es estigmatizado y criminalizado desde el ayuntamiento.
El desmantelamiento de la tradición
La visión de “cultura” de la administración de Jorge Alberto Reyes no parece incluir lo popular. Una muestra fehaciente fue la drástica reducción de la Feria de San Francisco. Lo que históricamente fue una celebración que desbordaba el Parque Hidalgo y unía a la comunidad en una fiesta de identidad, ha sido confinada a una “versión minúscula” en el atrio de la parroquia.
Bajo el pretexto del orden, se eliminó el carácter masivo y tradicional de la feria. Con esta medida, el gobierno municipal deja claro que su intención es imponer una cartelera cultural diseñada desde el escritorio, ignorando que la cultura no se dicta, se vive en las calles y en los barrios.
Una “cultura” de aparador
Para el actual gobierno de Pachuca, la cultura parece ser aquello que no genera “ruido” en las zonas que pretenden higienizar. Al prohibir los bailes sonideros (considerados clandestinos por la falta de permisos que el mismo municipio niega), no se está combatiendo la inseguridad; se está arrebatando un modo de diversión y expresión a los sectores más vulnerables.
El rugido del barrio como resistencia frente a la soberbia
El movimiento sonidero es una fuerza viva y en movimiento que no se doblega. Esta no será la primera, ni será la última ocasión en que deba resistir un embate nacido desde la ignorancia y el clasismo institucional. Mientras la administración municipal intenta silenciar los bafles, el barrio encontrará, como siempre, el espacio y la forma para que la convivencia, la alegría y la diversión sana sigan latiendo en el asfalto.
Que no se equivoquen: por su propia naturaleza, el sonidero persistirá como una manifestación cultural indestructible que pertenece al pueblo. En cambio, la incompetencia de un político que gobierna de espaldas a su gente tiene fecha de caducidad; esa misma cerrazón será la que lo condene inevitablemente a la desaprobación y el olvido popular. La música seguirá sonando, mientras que el autoritarismo pasará factura en la memoria de Pachuca.
