La Deuda con el Magisterio

Sumisión Sindical y Promesas Incumplidas

Profesor Noé Rosales Cruz

12/22/20253 min read

La Deuda con el Magisterio

Sumisión Sindical y Promesas Incumplidas
En el marco de la reciente celebración de la autodenominada “cuarta transformación” y sus siete años en el poder, resulta vergonzoso observar la postura de sumisión que ha adoptado el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), el más grande de América Latina, ante el gobierno en turno. Esta situación es alarmante por varias razones fundamentales que merecen un análisis crítico.

La independencia sindical como principio traicionado
En primer lugar, es imperativo recordar que ninguna organización sindical debería rendir pleitesía al gobierno. En teoría, los sindicatos son instituciones autónomas cuya obligación primordial es gestionar y procurar el bienestar y los derechos de sus representados. La independencia es la piedra angular de su legitimidad. Cuando un sindicato se arrodilla ante el poder político, traiciona su propósito fundamental y se convierte en un mero instrumento de control, en lugar de un vehículo de defensa laboral.

Promesas incumplidas y simulación gubernamental
En segundo lugar, la lealtad del SNTE hacia la administración actual carece de justificación si se evalúan los resultados concretos para los trabajadores de la educación. Este gobierno no ha cumplido sus promesas. La tan anhelada revalorización del magisterio no se ha materializado más allá del discurso, y la abrogación de la lesiva Ley del ISSSTE de 2007, una de las banderas políticas más ondeadas, ha quedado relegada al baúl de la propaganda electoral. Los docentes siguen esperando acciones tangibles que se traduzcan en mejoras reales.

Privilegios de cúpula y una realidad maquillada
Surge entonces una pregunta inevitable: ¿por qué los dirigentes sindicales que actualmente representan al magisterio mantienen esta actitud? La respuesta parece residir en la preservación de los privilegios que el poder les concede. El gobierno, con gran habilidad, se aprovecha de la ambición de una cúpula sindical para perpetuar una simulación. Se proyecta la imagen de que la educación pública en México avanza “viento en popa”, mientras la realidad en las aulas cuenta una historia muy diferente.

Precariedad, miedo y silenciamiento
Ante esta lamentable representación, ¿qué le queda al trabajador de la educación? La perspectiva es desoladora: continuar en una situación de precariedad salarial y laboral. Cualquier acto de disidencia o rebeldía es susceptible de ser castigado con persecución en cualquier esfera del sistema educativo, creando un clima de temor que inhibe la protesta y la exigencia de derechos.

La era de las simulaciones
Observar estos actos de connivencia entre el sindicato y el gobierno genera una profunda impotencia y frustración. Se vislumbra un futuro poco prometedor, especialmente cuando la administración actual consolida su poder día con día. Vivimos en una era de simulaciones: simulación de aumentos salariales que son devorados por la inflación; simulación de una “Nueva Escuela Mexicana” cuya ineficacia ha sido evidenciada por estándares internacionales; y simulación de una revalorización del maestro, que con engaños y promesas es coaccionado a rendir tributo a un gobierno que ha reprimido a los maestros democráticos, aquellos que, sin temor, continúan luchando por una educación científica, popular y por la verdadera dignificación de toda la profesión.

2026: un momento clave
l año 2026 se perfila como un momento clave, el no dejar “rodar la pelota”, es decir, se viene el mundial de la FIFA 2026 y los ojos del mundo estarán atentos a este “importante” evento y será fundamental para medir hasta dónde es capaz de llegar este gobierno en su trato hacia los trabajadores del Estado. La pasividad no es una opción cuando el futuro de la educación y la dignidad del magisterio están en juego.